viernes 6 de enero de 2012

Bob Anderson, as de espadas

Fue en España donde Bob Anderson, el más grande maestro de espadas de la historia del cine, fallecido el pasado 1 de enero a los 89 años de edad, vivió uno de sus rodajes preferidos. No se cansó de decirlo durante la filmación de Alatriste (2006).

La leyenda del cine de espadas arribó a la producción española gracias a la mediación de Viggo Mortensen, con quien había trabajado durante dos años en la trilogía de El señor de los anillos (2001-2003), entrenando y haciendo esgrima. Nada más llegar, le preguntó al director, Agustín Díaz Yanes, si quería hacer otra de esas absurdas películas de espadachines con interminables combates saltarines o si, por el contrario, deseaba un filme de verdad donde se matase a la gente de manera realista. Tano le respondió que, obviamente, quería lo segundo. Y Bob Anderson gritó: «Por fin una película en la que se mata. Estoy más que harto de enseñar a dar saltitos de ballet».


Entonces el viejo maestro inglés diseñó los combates según eran las peleas auténticas del siglo XVII: fulgurantes como relámpagos («que no daba tiempo ni a pedir confesión»), violentísimas y muy peligrosas. La vida tenía escaso valor en aquella época cruda, áspera y feroz; un tiempo, el de la España áurea, también magnífico, fascinante y de vivo carácter. La violencia del XVII era muy directa, implicaba esfuerzo fulminante, fatiga súbita y cercanía. Por ello había que reflejarla en pantalla desde la proximidad, para evitar sugerir cualquier otra cosa. «Para matar hay que estar cerca —decía Anderson a Díaz Yanes—, y matar con un cuchillo cuesta mucho». Normalmente se usaba una espada como única arma, si bien luego se pasó a utilizar asimismo una daga (la vizcaína) como defensa, mientras se atacaba con la primera (la toledana). Alatriste supuso para el maestro espadero la oportunidad de unir en sus coreografías ambas armas, lo cual nunca había hecho antes en una película

Entregado al rigor histórico, Bob hizo entrenar muy duro y ejecutar peleas rápidas y sucias a los actores. (Como verdaderos demonios sudaron los Viggo Mortensen, Unax Ugalde, Eduard Fernández, Enrico Lo Verso, Francesc Garrido y compañía.) Imbuido de frenesí profesional, les decía sin contemplaciones: «Tú ya estarías muerto, hijo de puta. Esto es una mierda». Pero Bob Anderson, el coreógrafo de todas las grandes películas hollywoodienses de espadas desde los tiempos del Errol Flynn último (El señor de Balantry, 1953), el Darth Vader de La Guerra de las Galaxias (1977-1983), fue el abuelo del rodaje de Alatriste. Procuraba ayudar a sus compañeros enseñándoles todo lo que sabía, sin guardarse nada. Y aunque físicamente ya no aguantaba (el cáncer lo carcomía, además), se quedaba por las noches a pie de filmación con una manta, porque estaba disfrutando como un crío. De hecho, durante el rodaje se le murió un hijo y se fue y regresó en el día: «No, no, no, mientras yo esté en un rodaje, esto es lo más importante».


[Publicado en El Comercio y La Voz de Avilés - 06.01.2012]

3 comentarios:

José Luis Sevillano dijo...

Buenísimo artículo, José. La verdad es que Alatriste está muy bien; la he vuelto a ver hace poco y cada vez me parece mejor. Los duelos son realistas y las estocadas parecen verdaderas heridas de muerte. Junto con Zatoichi, la mejor, en los últimos años, en el género de espadachines.

José Havel dijo...

Gracias, Jose:
A mí "Alatriste", con ciertos defectos impropios de una superproducción (también es verdad que nunca se había hecho algo semejante en España), me gusta mucho por su autoconciencia de película europea; y porque tiene, además, momentos de una belleza deslumbrante.

Rufián Rodríguez (Rubén Rodríguez) dijo...

Bob Anderson, y el placer por la vida y el arte, interesante artículo. Esto si que es apasionarse por algo...