viernes 11 de noviembre de 2011

Vampires, de Vincent Lannoo: Sátira mordiente

«Ni modernos, ni sexys, ni atractivos… sólo belgas», precisa el cartel promocional de la película. En efecto, con los vampiros glam de la saga Crepúsculo (Twilight) y bagatelas similares nada tienen que ver los Vampires (2010) de Vincent Lannoo , que podremos ver en el inminente 49 Festival Internacional de Cine de Gijón, dentro de la sección "Géneros Mutantes", sin duda una de las secciones más atractivas de esta edición.

Al inicio de la película, sobre la pantalla en negro, leemos unos rótulos, a través de los cuales una cadena de TV nos informa de haber sido contactada para rodar un reportaje sobre la Comunidad Vampira Belga. Ante la singularidad de la petición, se envió un equipo de grabación. Pero aquello fue un descalabro, y tras varios meses de silencio se les propuso otra tentativa, por lo que enviaron un nuevo equipo, que jamás regresó. (Entremedias hemos entrevisto los brutales ataques vampíricos a traición.) A continuación —relatan los letreros— se pasó a negociar durante dos años la posibilidad de enviar otro equipo en condiciones que garantizasen su seguridad. También leemos que el documental que vamos a ver está dedicado a Jean, Hélène, José, Clarisse y… al brazo de Jérôme: ellos dieron su vida e hicieron posible el filme.


La familia vampira que  nos recibe en su hogar, los protagonistas, son los Saint-Germain, quienes, entre otras cosas, conservan en el salón el esqueleto de un payaso, antiguo propietario de la casa. El particular humorismo negro y cáustico del prólogo gráfico, así como el tono de la secuencia doméstica de apertura, son muy propios de cierto cine de Bélgica en el que todo puede suceder. La referencia clave de esta línea fílmica es Ocurrió cerca de su casa (C'est arrivé près de chez vous; Rémy Belvaux, André Bonzel y Benoît Poelvoorde, 1992), asimismo macabra parodia cinematográfica belga de la telerrealidad.

A buen ritmo, pese a determinadas caídas de tensión, el falso documental de Lannoo, extravagantemente divertido, irreverente y mordaz en su sátira, abre al espectador una ventana especular donde poder reconocerse en el día a día de los Saint-Germain, en las peripecias cotidianas de la impagable galería de vampiros. Bajo su enunciación apreciamos la crítica latente a una sociedad indiviualista, egoísta y cruel; advertimos los problemas, no ya de Bélgica, sino también de Europa y del mundo occidental. No faltan "sangrantes" ejemplos de crueldad hacia niños y ancianos, e inmigrantes sin-papeles (los upiros prestan al Estado la función social de limpiar el país de «población indeseable»). Y es que esta dúctil alegoría social del embrutecimiento de nuestro tiempo nos recuerda que los vampiros en realidad existen.

2 comentarios:

Olga Bernad dijo...

Pues suena de miedo;-) Confieso que Drácula fue uno de mis primeros mitos confusamente eróticos y estaba preocupada por el uso y abuso de su faceta más glandularmente comercial dirigida a la adolescencia. Vi una de la saga Crepúsculo en un viaje en el AVE de Zaragoza a Sevilla y tuve ganas de llorar todo el rato. Y ni siquiera reflexioné sobre la sociedad actual;-)
Un saludo y gracias por estas informaciones.

José Havel dijo...

De verdad, Olga, si tienes oportunidad, échale un vistazo; merece la pena.
Un abrazo.