Pese a su condición de autor total preocupado por el control absoluto de sus ficciones, Lewis se aparece, a ojos de la mayor parte de los espectadores actuales, como un producto coyuntural demasiado circunscrito a su tiempo, a la sociedad estadounidense de los años 50 y 60, de la que —se piensa— efectúa un análisis somero a través de un humor bufonesco.
En efecto, Jerry Lewis no siempre ha sido bien comprendido en su calado de cineasta, tanto en lo formal, inteligente y sugestivo en las soluciones (no cabe duda de que El profesor chiflado [The Nutty Professor, 1963] es una película ejemplar), como en lo relativo al contenido, en ocasiones con unos acentos satíricos implacables en ciertas escenas y no pocos diálogos. Otra cosa es que su sentido del humor sea de una extrema particularidad; pero no, desde luego, una "payasada" sin más.
A voltear tan desfavorable situación nada ayuda, según señala el crítico aragonés, que su cine no haya gozado últimamente de la atención de televisiones, filmotecas y ediciones en vídeo o DVD, «laguna que sólo los nuevos procedimientos de descarga y copia de películas pueden contribuir a paliar» (algo que, en un futuro inmediato, esperemos tengan bien claro los ineptos políticos y ministros que padecemos, bastante despistados a la hora de discernir quiénes son en verdad los piratas).
Con Jerry Lewis (Cátedra) Pablo Pérez Rubio no sólo da continuidad al proyecto iniciado con aquella Guía para ver y analizar El Profesor Chiflado (Octaedro), sino que trata de restañar una injusticia en la medida de sus posibilidades. Va más allá de esa lectura tópica (y miope) de Lewis ceñida a la bufonada, a la rebelión de los objetos o al individuo torpe al que le pasa de todo, para dar el salto hacia una lectura mejor calibrada, un nivel de análisis más profundo que nos sitúa ante los temas vectores de las apariencias, el desdoblamiento de la personalidad, la crisis de la desquiciada sociedad contemporánea (en su caso, la Norteamérica absolutamente enloquecida de los 60). Y ello lo hace abordando el estudio de la filmografía lewisiana como una unidad de sentido, «desde sus orígenes al lado de Dean Martín… a su primera independencia como actor-productor (casi siempre al servicio de Frank Tashlin) y su segunda y definitiva como actor-productor-director (total filmmaker)».
Pablo Pérez Rubio
Jerry Lewis
Cátedra
302 páginas
13,70 €


2 comentarios:
Seguro que la obra de Jerry lewis merece una segunda o tercera lectura, pero a la mayoría del público hoy en día nos parece remota, llena de un humor histriónico que cansa, que está desfasado. Aun así, hay gente que todavía se ríe un montón con sus películas.
A mí, personalmente, me "espanta", pero recuerdo que me gustaban mucho cuando era pequeña.
Saludos cariñosos.
Hola, Carmen:
Es todo un placer verte por aquí.
La verdad es que a Jerry Lewis hay que reinvindicarlo como cineasta, como alguien diestro en la escritura audiovisual que, además, tenía cosas que decir. El resto (histrionismos, etc.) puede ser, en efecto, discutible. A mí, personalmente, como cómico propiamente dicho no me hace demasiada gracia, pero admiro su labor como realizador cinematográfico y su inteligente discurso crítico.
Un abrazo.
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